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Un futbolista en un barrio

¿En serio va a venir un jugador a nuestro barrio? ¿En serio va tener una práctica con nosotros? Desde la Fundación Igualar, Juan Cruz Komar sigue articulando actividades que abordan desde los territorios problemáticas como la pobreza, la exclusión y la violencia. “Que existan futbolistas con compromiso social que estén dispuestos a dedicar una parte de su vida a la sociedad y que puedan bajar un buen ejemplo a quienes lo admiran, más que importante, es imprescindible”, escribe el periodista y director técnico, Rodrigo Gaitán.


193 fotos, 14 vídeos, 27 autógrafos. Todo eso, además de participar de la práctica de fútbol con unos 150 pibes y pibas, hizo Juan Cruz Komar el pasado martes, en barrio Ciudad de los Cuartetos, en dos horas de su vida. Esas dos horas se suman a muchas, muchísimas otras horas dedicadas al trabajo social y al compromiso con la acción de parte de este jugador en cuyas cualidades no voy a ahondar por una cuestión lógica: La pérdida de imparcialidad que suele operar cuando uno habla de personas por las cual siente cariño.


Más allá de todo hay que dejar en claro que no es Juan Cruz Komar, en este caso, el punto principal. Tampoco lo es la Fundación Igualar, de la cual formó parte junto a compañeros y compañeras y a través de la cual llegamos al Centro Cultural Soñamos, que a su vez nos permitió llegar a las Escuelas de Fútbol Los Linces y Juventud Unida, en barrio Ciudad de los Cuartetos. El punto en esta publicación es poder tomar dimensión de lo que puede llegar a generar un futbolista profesional en un barrio humilde.



Cuando llegamos con Lucas Moroncini, cerca de las 19, podíamos apreciar cómo la gente se trasladaba con toda su familia y esperaban con grandes ansias que llegará “el jugador”. Algunos lo tenían más registrado y otros no tanto, pero para todos era un hecho en sí mismo que un jugador de esos que nombran en la tele y en la radio fuera a su barrio.


Los jugadores son para los chicos y chicas que aman este deporte eso que antes veían por la tele y que ahora escuchan por la radio o a lo sumo ven en los resúmenes de algún canal de aire, cuando pasan los goles. Pese a que no lo son, muchos de estos pibes y pibas ven a los futbolistas como seres inalcanzables. Entrar a una práctica es una actividad poco probable para ellos y pensar en un papá o una mamá llevándolos a la cancha significa hoy contar con al menos mil pesos.


La realidad marca que las prioridades actuales a la hora gastar mil pesos están lejos de una cancha, y mucho mas cerca de la supervivencia cotidiana. Por eso es que la llegada de Juan Cruz generó tanta revolución en Ciudad de los Cuartetos, no sólo porque iban a ver a un jugador de fútbol de esos que ya no pueden ver ni por la tele, sino porque lo iban a ver ahí, a la vuelta de su casa.

¿En serio va a venir un jugador a nuestro barrio? ¿En serio va tener una práctica con nosotros? ¿Nos va a rebotar una pared? ¿Va a tomar la merienda con nosotros? Sí, en serio. Todo eso iba a pasar y pasó, y una cosa es que yo trate de contarles con palabras lo que esos pibes y pibas vivieron y otra, muy distinta, es haberle visto los ojitos y la sonrisa. Una cosa es que les cuente que cuando nos íbamos nos corrieron atrás del auto casi hasta la salida del barrio y otra, muy distinta, es poder apreciarlo y tomar dimensión del hecho.


“Quiero que sepan que más allá del fútbol es muy importante el estudio y otras actividades culturales que puedan realizar. Acá tienen un centro cultural que pueden aprovechar para poder crecer no solo como futbolistas. A mí, poder capacitarme en otras cosas me hizo incluso mucho mejor como jugador y cómo persona”, decía Juan, mientras todos escuchaban atentos."


Vivimos en un país en dónde un futbolista muchas veces es más importante que un maestro y eso, a decir verdad, no está nada bien, pero es la realidad. El fútbol es parte de nuestra cultura y es, como se dice por ahí, lo “más importante de las cosas menos importantes”. Que existan futbolistas con compromiso social que estén dispuestos a dedicar una parte de su vida a la sociedad y que puedan bajar un buen ejemplo a quienes lo admiran, más que importante, diría que es imprescindible; mucho más aún en una sociedad que hace de la pelota un culto.



Sabemos que la educación es el bastión para los grandes cambios y sabemos también que los chicos y chicas depositan muchas veces más interés en el fútbol que en su educación formal. Entonces, sí desde el fútbol podemos dar un mensaje sobre lo importante que es la educación, ¿por qué no hacerlo? ¿Por qué no poder mostrarle a los pibes y pibas, y a sus padres, que a partir de este deporte también se pueden aprender valores humanos, que exceden la competencia con otro? Desde la Fundación Igualar, en la que participamos junto a Juan y muchos otros y otras, lo estamos intentando y esperamos con el tiempo contar con muchos más jugadores y jugadoras, del deporte que sea, con ganas de poder participar de estas experiencias en los barrios.


Dejo para el final una gran frase de Eduardo Galeano: “El niño pobre, en general negro o mulato, encuentra en el fútbol la posibilidad de ascenso social, que no tiene otro juguete que la pelota: la pelota es la única varita mágica en la que puede creer”. La frase de Galeano es maravillosa pero no puede ser definitoria. Debemos tener y sentir el compromiso y la obligación de luchar para que la pelota sea una -tan solo una- de las múltiples oportunidades que un niño o niña pueda elegir para crecer, desarrollarse, y progresar.


*Por Rodrigo Gaitán, periodista y DT de fútbol. (Publicado originalmente en Facebook)


La Tinta

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